Maldito relajo

 
La comunidad hecha cuerpo
"Esta comunidad imaginada aparece hoy, nuevamente, materializada en cierto modo en este cuerpo de textos que son acaso “simple y sencillamente” una instancia más de esa comunidad, de esa dación recíproca constituida por incansables diálogos, encuentros, lecturas, relecturas y también –por qué no decirlo– por lúcidas u opacas pero siempre encendidas discusiones compartidas alrededor de una rueda de mates con palitos o de un generoso asado con vino tinto. Hay entonces acá (lo que para muchos es una pesadilla y para nosotros un pequeño milagro) un nuevo cuerpo presente. Y de él sólo diremos lo que escribió Spinoza: no sabemos lo que puede un cuerpo".

Para la (¿suspendida?) Presentación de Lp 9/10 en la UNS.
Encuentros, desencuentros
Oí por primera vez el nombre de Héctor Libertella (1945-2006) creo que a principios del 97, en la cátedra de Teoría y Crítica literaria que por entonces dictaban María Celia Vázquez y Alicia Capomassi. Recuerdo haber recibido también por aquella época, y casi sin defensas, la conmoción de la lectura de El paseo internacional del perverso (nouvelle, 1990) y haber lamentado también que en años posteriores nadie volviera a mencionar su nombre en las cátedras universitarias. Y con el tiempo empecé a reconocer que se trataba de una lógica implacable que excedía los pasillos universitarios porque Héctor Libertella, que con apenas 23 años había sido reconocido con el premio Primera Plana de Novela en 1965 por La hibridez (novela que, según tengo entendido, permanece inédita), el premio Paidós de Novela en 1968 (con El camino de los hiperbóreos, que persuadió a un jurado integrado por Leopoldo Marechal, David Viñas y Bernardo Verbitsky), el Premio Internacional de Novela Monte Ávila en 1971 (con Aventuras de los miticistas) y, en 1986, en París, nada menos que el Premio Juan Rulfo (por El paseo internacional del perverso) no era leído tampoco fuera del ámbito universitario. Y debo confesar que en realidad yo empecé adoptar cierta resignación al ver que en sus conferencias en Bahía Blanca tampoco nos cruzábamos más que las mismas caras melancólicas y frívolas. Pero también fue por esa época que, luego de una conversación con un amigo en común, y un poco para exorcizar esa triste escena, me recordé lo que suele decirse del desencuentro entre el profeta y su tierra, y terminé por aceptar con alguna satisfacción ese hecho porque acaso imaginaba para la obra de Libertella el destino que Borges imaginaba para la de Marcel Schwob: era, acaso debía ser, un milagro secreto". ".

Publicado en La Posición 9/10, noviembre de 2006.
Raúl Antelo: la experiencia éxtima y la comunidad imaginada
"En la perspectiva teórica de Antelo, la excentricidad se inscriba como alternativa a la idea pertenencia a la nación (en tanto naturalizada y restrictiva categoría de lo moderno). Lo que acaba por hacer de su escritura un modo de practicar lo moderno pero como negación de lo instituido en tanto descubre en transgresión hacia lo “éxtimo” una alternativa de lo imposible y de lo infinito; esto es: hacer del propio pensamiento de los márgenes un avatar de lo político a partir de lo cual sea posible pensar no ya en términos de formas nacionales, sino de fuerzas plurales, supra-nacionales, partiendo de pensar al Brasil como lo éxtimo de la Argentina, y viceversa. Pensar en ese margen se superpone con pensar el guión que separa pero que también reúne lo argentino-brasileño. Pero implica también reconocer para esa reflexión un territorio diferente y en cierto modo contrapuesto a los que se definen por su desasosiego, su conciencia atribulada en tono a la “Cosa nacional”. La propuesta de Raúl no es sencilla y mucho menos cómoda: exige acaso un replanteo de los postulados fundamentales de toda producción intelectual. Se trata de encontrar la propia escritura en el espacio abierto por ese guión de lo éxtimo en el que es posible escuchar las voces de Sarmiento y Da Cunha, de Mário de Andrade y Roberto Arlt en el diálogo que quizá contribuya a diseminar la decisión ética ineludible de “llegar a lo propio por vía de lo ajeno”, pero sobre todo ético de todo pensamiento soberano: el de constituir siempre una milagrosa invitación pensar lo mismo pero de otro modo".

Para la revista El matadero
Elogio de la imaginación crítica
"Tan erudito como interesado por la cultura de masas. Tan irónico como serio, académico y ensayista lanzado a la aventura de escribir. Estas series paradójicas hicieron de Jaime Rest uno de los críticos literarios más valorados por sus pares, aunque el tiempo y la dispersión esencial de su obra hayan atentado contra la posibilidad de un rescate. Convocados por Radar, especialistas, colegas y amigos reconstruyen diversas facetas del autor de Mundos de la imaginación y Tres autores prohibidos, y de una obra aún vigente".

Publicado en Radarlibros, Página/12, Domingo/29-Oct-2006
Pataconia al sur
"La literatura de Bahía Blanca parece despertar de un largo letargo, gracias a la acción de un par de grupos independientes que trabajan para colocar a una ciudad –atenazada por la Base Naval de Punta Alta y el insalubre polo petroquímico– en el mapa cultural de la Argentina".

Publicado en Radarlibros, Página/12, Domingo/10-Agos-2001.
El cine que nos mira (y se toca)
3.10.2006
Costumbres de la carne
Por Daniel Link

Porno, el cuarto largometraje de Fabián (Homero) Cirelli, consolida a su director como uno de los más sólidos autores del nuevo cine argentino.

Que nadie se confunda: Porno, el cuarto largometraje de Homero Cirelli (incluido en la sección Documental latinoamericano) es mucho más y mucho menos que pornografía.
Se trata de una película que, como es habitual en el cine de Homero, juega con el formato del documental para llevarlo a sus límites (a su extenuación: allí donde el documento se transforma en monumento). Porno es mucho más (y mucho menos) que documentalismo y es más bien un raro ensayo cuyo mérito principal radica en haberse propuesto separar obscenidad y pornografía. Lo porno de Porno es apenas su pretexto: un grupo de personas (de personas corrientes, habría que agregar) se reúne en una casa quinta para realizar una película pornográfica y la cámara de Cirelli (como si se tratara de un mero making off) registra el proceso de registro de esas hipotéticas algarabías de la carne.
Cine dentro del cine: la película porno a cuyo rodaje asistimos no puede ser más precaria y patética aún cuando sea la clave de todo lo demás. Los actores son bastante malos en su performance erótica, el director lleva anotadas las pocas ideas que tiene en un cuaderno espiralado, la iluminadora considera pertinente mover el foco de luz según los movimientos de cámara, con lo que uno puede sospechar el resultado más parecido a un ejercicio expresionista a la Murnau que a cualquiera de las delicias a las que la industria del porno tiene acostumbrados a sus clientes. ¿Por qué el porno interesa en Porno? Porque es el índice de una cierta excedencia y, por lo tanto, una descripción del estado de la cultura.
Hay industria porno, en principio, porque hay industria cinematográfica y hay industria cinematográfica porque hay excedentes económicos que permiten patrocinar una cierta cultura. Argentina, uno de los principales países productores de cinematografía en el mundo, tiene también una consolidada industria pornográfica (que incluye incluso producciones del complicado subgénero gay), varias de cuyas películas han sido exhibidas en los canales de cable destinados a calmar la fiebre carnal de los varones.
De modo que Porno lleva el razonamiento hasta el colmo e imagina un making off de una película pornográfica. Y, todavía más, imagina una obra de arte (un monumento) con los restos de ese making off: las distracciones del camarógrafo, los errores de todo tipo, los intervalos entre secuencia y secuencia, la vida cotidiana del equipo de rodaje, el ?fuera de cuadro? (un perro que juega con un envase de leche, los autos que pasan, las laboriosas hormigas, el espectáculo del campo bonaerense debidamente domesticado y convertido en casa quinta con pileta).
Lo obsceno de Porno no radica en el modo en que exhibe la mecánica sexual (en lo que la película, porque le interesa otra cosa, es muy medida). Lo obsceno de la mirada de Cirelli tiene que ver con la exhibición de la cultura argentina como un conjunto de rasgos de carácter y una serie de comportamientos: el asadito, el mate, la voracidad (hay tantas secuencias de gente comiendo como de gente fornicando), la charla (desde "la familia" hasta las mejores maneras de copular con una oveja), la improvisación y la precariedad de todo lo que se realiza.
Así, parece decir Porno, funciona la industria del entretenimiento. Pero mucho más allá de ese argumento que haría del cuarto largometraje de Cirelli apenas un atinado cuadro de costumbres, se deja leer una hipótesis sobre la cultura: si se trata de algo que sólo existe en relación con los excedentes económicos (lo que se llama, una cierta riqueza), los caracteres y comportamientos que arquetípicamente asociamos con la cultura argentina (esa pesadilla de la que no atinamos a despertar) corresponden en realidad a una cultura argentina, la que tiene excedentes económicos para financiar caprichos culturales porque el rendimiento de la soja lo permite. Partida en dos o completamente fracturada la patria, sin embargo se reconoce como "cultura argentina" lo que se corresponde con la pampa húmeda (el campo) y su cultura metropolitana.
Habiendo perdido su potencia integradora, la cultura argentina operaría hoy como un gigantesco dispositivo de exclusión y diferenciación social. La distancia que hábilmente coloca Cirelli entre Porno y la película pornográfica cuyo rodaje registra no puede ser más elocuente en ese punto. La cultura ya no sirve como mapa y por eso no es casual que la primera larga secuencia de la película encuentre a sus protagonistas perdidos entre rutas, autopistas y extravagantes nombres de country clubs.
Que nadie se confunda: Porno sólo es obscena porque exhibe obscenamente ciertos rasgos culturales y transforma los sueños argentinos en una pesadilla: la fiesta carnal en comparsa de mucamos impúdicos.
Fabián (Homero) Cirelli nació en Buenos Aires (1961). Cursó estudios de cine en la Escuela de Cine de Avellaneda y música en la Universidad de La Plata. Conocido como productor televisivo, ha recibido premios como realizador de videos experimentales. Porno es su cuarto largometraje, después de Unos viajeros se mueren (2002, con textos de Juan Veronese), Berlín (2004, presentado en el BAFICI) y Los Buenos Aires (2004, presentado en la sección Vitrina Argentina del Festival Internacional de Mar del Plata de ese año).
posted by lvp @ 3/10/2006 11:27:00 p. m.  
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